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El Tren de Yaguaramas / El Primer Blog de Antonio Gómez Sotolongo

JOSÉ LORA

JOSÉ LORA

José de Jesús Lora Reyes nació en Puerto Plata el día 25 de diciembre del año 1923. A los siete años de edad comenzó a estudiar violín con el Maestro Alberto Zeller, en su ciudad natal, y cinco años después pasó a recibir clases de violín y armonía musical con el Maestro puertorriqueño José M. Rodríguez Arresón, a través de quien obtuvo una beca para continuar estudios de violín en Colombia con el Maestro Laredo, gran concertista de la época; pero dicha beca no pudo ser disfrutada por Lora dada su corta edad. Poco después continuó sus estudios con el virtuoso violinista dominicano Gabriel del Orbe. A los trece años de edad tocó su primer concierto en público, en la ciudad de Puerto Plata, y estuvo acompañado al piano por el Maestro Vicente Grisolía.


En 1943 ingresó en la Orquesta Sinfónica Nacional y formó parte de los maestros fundadores de dicha institución, la que entonces dirigía el Maestro español Casal Chapí. En 1945 le fue otorgada una licencia sin sueldo en la prestigiosa institución musical para que se desempeñara como violinista de la orquesta de La Voz del Yuna, que había sido inaugurada en Bonao. Cuando la emisora radial trasladó sus instalaciones para la ciudad de Santo Domingo, pudo compartir sus labores en ambas empresas.


Durante 19 años se desempeñó como violín primero de la Super Orquesa San José, en los tiempos que esta fue dirigida por los Maestros Julio Gutiérrez, Avelino Muñoz, Luis Rivera y Papa Molina. Fue también primer violín de la Orquesta Ravelo y de la Orquesta de Tangos de los Maestros Leo Cortez y Angel Bussi. En el año 1960 fue Director de la Orquesta de Cuerdas de la emisora radial del Gobierno HIX, la cual tenía como cantante al tenor dominicano Salvador Martí Otero. Por casi diez años fue profesor de violín y teoría musical del Conservatorio Nacional de Música, y en 1960 tuvo la oportunicad de colaborar con miembros de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, bajo la dirección del Maestro Pablo Casals. Fue por esa época que el Maestro Pepito Figueroa le ofreció la plaza de primer violín de la Orquesta del Radio City Music Hall, empleo que, por cuestiones personales, el Maestro Lora no aceptó.


El profesor José Lora Reyes fue concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional por espacio de cinco años, cargo que desempeñó hasta 1979, cuando fue jubilado. Sin embargo, esa jubilación quedó cancelada a solicitud del entonces director titular de la institución, el Maestro Carlos Piantini, y no se ha hecho efectiva aún. El Maestro Lora ha venido prestando sus servicios en la Orquesta Sinfónica Nacional desde hace cincuenta y seis años, lo que le convierte en el músico que ha permanecido durante más años ininterrumpidamente en una agrupación musical dominicana.      


José Lora se ha desempeñado también desde muy joven como luthier, y es prácticamente la única persona que en la República Dominicana se ha ocupado de aprender, de manera autodidacta, ese oficio.

 

Después de una larga carrera como violinista, el Maestro falleció en la ciudad de Santo Domingo el día 3 de mayo de 2013. El último concierto en el que participó fue en el Concierto de Semana Santa en la Catedral de Santo Domingo, el viérnes 29 de marzo, integrando la orquesta del Coro de la Catedral.  

 

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ÑICO LORA

ÑICO LORA

Francisco Antonio Lora Cabrera nació en Maizal, provincia de Santiago, en el año de 1880 y fue durante toda

su vida uno de los grandes proveedores de esos ritmos y melodías anónimas que se van guardando como acervo cultural de las naciones. Hombre inculto en teoría musical, alcanzó un alto grado de comprensión del oficio de la creación y fue haciendo piezas en las que aparecen lo más íntimo del ser nacional dominicano. Diluidas muchas de ellas en el entorno sonoro, inasibles, perdurables, sin registros siquiera, están en el tronco mismo de la música dominicana.

De sus obras reconocidas, se cuentan títulos como San Antonio, Tingo Talango, Eres la mujer más bella, Pedrito Chávez, San Francisco, y una larga lista que, resistiendo el paso de los años, permanecen en el ámbito musical dominicano.

Ñico Lora falleció en el pueblo de Navarrete, el 10 de abril de 1971.

 

MARGARITA LUNA GARCÍA

MARGARITA LUNA GARCÍA

Ana Margarita Luna García nació en Santiago de los Caballeros, el 31 de julio de 1921.

A la edad de 10 años comenzó sus estudios de música con Juan Francisco García, quien más adelante fue su profesor de piano. Graduada de Maestra de Piano en el Liceo Musical de Santo Domingo, cuando apenas era una adolescente, continuó sus estudios con los profesores Paul Marx y Manuel Rueda, con quienes tomó clases de cursos superiores de técnica e interpretación pianística. También asistió a clases de contrapunto, análisis y armonía con el Maestro Manuel Simó.

En 1953 fundó el Liceo Musical José Oviedo García, institución que dirigió durante diez años. A mediados de los sesenta viajó a los Estados Unidos donde tomó varios cursos de orquestación y composición con Hall Overtone. Fruto de tales estudios fue el cuarteto para cuerdas que más tarde ella transformó en tres preludios para cuerdas.

En 1969 Margarita Luna se graduó de composición en el país y presentó como obra de tesis la pieza Cambiantes, para cello y pequeña orquesta. Esta obra fue estrenada en el Palacio de Bellas Artes, el 5 de noviembre, y contó con la dirección del Maestro Manuel Simó.

En 1974 creó Parámetros, obra para quinteto de cuerdas y cinco intrumentos de viento, que constituyó una continuación de sus búsquedas tímbircas y rítmicas iniciadas con Cambiantes.

En el extenso catálogo aparecen también Fantasía, para violín y piano; tres canciones para soprano y clarinete; Diferencias, para cello, piano, clarinete y percusión; Abstracciones, para violín y piano. En 1971 se estrenó su obra Epitafio en el aire, para coro, orquesta sinfónica y narrador. Años después escribió Vigilia eterna, oratorio para solista, narrador, coro y orquesta.

Sus obras están marcadas por las tendencias vanguardistas que sacudieron el mundo de las artes durante el siglo XX. El dodecafonismo serial, el aleatorismo y el uso del cromatismo, unido a ciertos rasgos de la música nacional, merodean siempre en sus composiciones.

ENRIQUE DE MARCHENA

ENRIQUE DE MARCHENA

Nació Enrique de Marchena Dujarric el 13 de octubre de 1908 en Santo Domingo, capital de la República Dominicana. Tomó sus primeras clases de piano a la edad de diez años con la profesora Flérida Nolasco. En el Liceo Musical que dirigía el Maestro José de Jesús Ravelo estudió solfeo y teoría.

Adolescente aún y siendo estudiante de música, Enrique se desempeñó como pianista en el cine Colón, donde amenizaba con el piano las películas silentes que allí se proyectaban. A los dieciséis años de edad compuso el vals que tituló Ella, primera obra salida de su pluma. Sin embargo, en el devenir de sus labor creadora fueron apareciendo otras piezas de calidad superior, por lo que al componer el Vals en Sol para piano, el propio Marchena consideró que era ese su verdadero punto de partida y catalogó esta obra con el Op. 1.

En 1929 obtuvo la Licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Santo Domingo. En 1932, al fundarse la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo, ocupó uno de sus atriles y se desempeñó como cornista, instrumento que aprendió a tocar de manera autodidacta. En 1937 fue uno de los principales miembros fundadores de la Sociedad Pro-Arte y, con su labor personal en los predios internacionales, consiguió que por las salas de concierto de la República Dominicana pasaran figuras de la talla de José Iturbi, Andrés Segovia y otras luminarias de la música de concierto de su época. Enrique de Marchena dejó un catálogo de más de noventa obras, entre ellas sus muy destacadas Debussyenne, Claro de Luna y Reverie para piano; el poema sinfónico Arco iris, obra que fue premiada en el Concurso de Música del Centenario de la República, en 1944; el Divertimento para cuerdas y arpa y el Concertino para flauta y orquesta.

En sus creaciones para voz son de enorme relevancia sus veintisiete Cancionres de Amor, doce de las cuales fueron puestas por el Maestro Marchena a consideración del jurado del Premio Nacional de Música José Reyes en 1979, lo que le valió el máximo galardón. Estos lauros los obtuvo nuevamente en 1982 con su suite concertante Hebraicum.

Toda su obra, principalmente a partir de 1929, está estructurada sobre los cánones estéticos del impresionismo musical; velada o explícitamente, su identificación con la obra de Claude Debussy es inequívoca.

Marchena Dujarric se desempeñó como diplomático en representación de su país en diferentes misiones; escribió textos de vital importancia, como Del areíto de Anacaona al poema folklórico (1942); fue profesor de Derecho y ejerció la crítica en el Listín Diario desde 1929 hasta el final de su vida.

El 25 de febrero de 1988, en la ciudad de Santo Domingo, el destacado músico, escritor y diplomático dejó de existir.

JOSEÍTO MATEO

JOSEÍTO MATEO

José Tamárez Mateo nació el 6 de abril de 1920 en el paraje de Juana Brava, cerca del poblado de San Isidro, jurisdicción del Distrito Nacional, en Santo Domingo, capital de la República Dominicana.

Como casi todos los de su estirpe, aprendió a cantar y bailar desde muy temprana edad y su talento se fue expandiendo cada vez más, hasta lograr cumbres altísimas. Cantor del pueblo, supo recoger de sus raíces lo esencial y devolverlo con los ropajes de su música. Piezas como los merengues Madame Chuchú, Dame la visa, La cotorra de Rosa, La patrulla y muchísimas otras; más allá de los éxitos temporales, sus canciones han quedado en lo hondo de la cultura dominicana, donde Joseíto Mateo ha campeado como El Rey del Merengue.

En la década del cuarenta el binomio Héctor Díaz y Medardo Guzmán creó expresamente para Joseíto Mateo la pieza El negrito del batey, merengue con el cual el propio Mateo y Alberto Beltrán alcanzaron gran popularidad.

A mediados de la década de los cincuenta Mateo llegó a La Habana, Cuba, donde, recomendado por su paisano Alberto Beltrán, quien ya en 1954 era conocido en aquella ciudad como un gran vocalista, logró

incorporarse al vertiginoso mundo del espectáculo y las grabaciones que por entonces se movía en la capital de la mayor de las Antillas. Fue así que se vio a Mateo actuar con la Sonora Matancera en la C.M.Q., en centros nocturnos y la televisión, donde dio a conocer,  en aquel primer viaje, el bolero de Luis Kalaf Amor sin esperanza, que fue grabado por Celio González y la Sonora.

Terminado aquel primer ciclo, en el que Joseíto presentó sus credenciales ante el público de la entonces capital del espectáculo, volvió a la patria y poco tiempo después fue requerido por la disquera SEECO para que se sumara al elenco que en La Habana grabaría con la Sonora Matancera. Eran los años en los que los dominicanos, al igual que los cubanos unas décadas después, requerían de un permiso de salida para viajar al extranjero; entonces, tal documento le fue negado a Joseíto Mateo. Esto trajo como consecuencia que en La Habana, contratado el disco e incluso las piezas que estarían incluidas en el registro, se grabara un antológico acetato en el cual se incluyó el archiconocido merengue El negrito del batey, que por una "futileza" como la antes mencionada no se dio a conocer por su verdadero inspirador, Joseíto Mateo. Por suerte para la cultura musical de nuestros pueblos, le tocó asumir aquel contrato al no menos brillante artista dominicano Alberto Beltrán, quien fue entonces para el público cubano El negrito del batey. 

En 1962 Joseíto Mateo acaparó la atención con dos boleros: Eres todo, de R. Burgos, y Noche de angustia, de V. Cordero, ambos con el acompañamiento de la orquesta de Angel Bussi. También durante el mismo año puso su voz en el primer LP del Gran Combo de Puerto Rico.

La labor de José Tamárez Mateo se ha extendido durante medio siglo y ha llenado espacios en la cultura dominicana tan vastos y profundos que se hace, y se hará, imposible hablar de dominicanidad sin referirse a ella.

ENRIQUE MEJÍA ARREDONDO

ENRIQUE MEJÍA ARREDONDO

En una familia de músicos nació el 24 de diciembre de 1901, en la ciudad de Santo Domingo, Enrique Mejía Arredondo quien realizó sus primeros estudios musicales con su abuelo paterno, José María, y de piano con su propia madre. En lo sucesivo tomó clases con Américo Lugo Romero, quien lo tuvo como pupilo en  sus clases de piano; José de Jesús Ravelo, que le enseñó armonía; y con Willy Kleinberg, violinista austríaco radicado en el país, con quien profundizó en esos conocimientos. El español Enrique Casal Chapí le dio clases de orquestación y forma musical.

Para 1932, cuando se fundó la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo, Mejía Arredondo fue nombrado director de esa institución, y en 1941, al crearse la Orquesta Sinfónica Nacional, ocupó el cargo de subdirector. Siempre fue muy elogiado como conductor por su poder de comunicación con los músicos de las orquestas con las que trabajó. Sus movimientos claros y su musicalidad le permitieron obtener siempre buenos resultados artísticos.

Como compositor se inició desde muy temprana edad y, ya a los 16 años, componía canciones. Con su madurez como músico, su obra fue adquiriendo mayor complejidad y llegó a incluir dos sinfonías. La No. 1 fue elogiada por críticos tan exigentes como Adolfo Zalazar, quien la consideró como “una de las más notables en su género en Hispanoamérica”.

La obra fue dirigida por Casal Chapí el 24 de octubre de 1941, en el primer concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional; poco después la Orquesta Sinfónica de la NBC, bajo la dirección de Franz Black, la estrenó en New York y el 21 de marzo de 1946, en el palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, el propio autor la estrenó en el país azteca.

Arredondo escribió también el poema musical Cuento nocturno, que fue estrenado en México por Julián Carrillo con la Orquesta Sinfónica de México; luego se tocó en Bogotá, donde los manuscritos desaparecieron. Son de su autoría, además, Pequeña suite para orquesta; el poema sinfónico Renacimiento y Dos evocaciones.

El 5 de febrero de 1951 falleció el insigne músico, compositor y director de orquesta.

ELILA MENA

ELILA MENA

Elila Mena nació en Santo Domingo, el 7 de abril de 1918, y a muy temprana edad comenzó a estudiar piano con su padre, Luis Emilio Mena. En lo adelante sería alumna de otros conotados especialistas, como María Lamarche, Manuel Rueda y Nicolás Calderón, con quienes se destacó por sus dotes naturales para la interpretación del piano.

En 1931 obtuvo, en el Liceo Musical de Santo Domingo, el título de Profesora de Piano, cuando apenas tenía 13 años de edad. Desde entonces se desempeñó como solista y pedagoga. En el Conservatorio Nacional de Música fue profesora de piano; en la Escuela Elemantal impartió clases de solfeo y teoría y con la Orquesta

Sinfónica Nacional interpretó obras de Bach, Rachmaninoff, Tchaikovsky, Lizt y Rivera.

Su desempeño en la interpretación de música de cámara la llevó a ofrecer innumerables recitales unipersonales y conciertos en los que acompañó a destacados intérpretes. Se presentó con éxito en los Estados Unidos y en Puerto Rico y grabó dos discos; uno, Recuerdos de infancia, que contiene varias piezas de Luis E. Mena, y otro titulado Música de Luis Rivera, en el que tocó a dúo con Vicente Grisolía. En la ciudad de New York, el 7 de febrero de 1970, falleció Elila Mena, destacada pianista y profesora.

LUIS E. MENA

LUIS E. MENA

Nació en Santo Domingo, el 12 de noviembre de 1895, y ya a los catorce años de edad tocaba el flautín en la banda que en el Colegio Santa Teresita dirigía don José de Jesús Ravelo. Un año después integró el Octeto del Casino de la Juventud, y el 29 de octubre de 1916 se graduó de profesor de flauta en el Liceo Musical. Además de la flauta, llegó a tocar el cello, el piano y el fagot.

Su primera obra musical data de 1913 y se titula La chaquetera Mignon Lucesita, una mazurca a la que luego cambió el nombre por el de Lucila. En 1926 ganó el primer premio en el Concurso por el Día de la Raza con un pasodoble titulado Alfonso XIII. En 1932, al fundarse la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo, Luis Emilio Mena fue uno de sus fundadores como instrumentista. En dicha institución fue invitado varias veces a ocupar el podio, al igual que en las orquestas de la radio HIX, en 1934, y en la HIN, en 1936.

En 1934 sus obras Capricho impromtu e Invocación fueron conocidas en Filadelfia gracias a la propia gestión del autor, quien regularmente se ocupaba de enviar sus obras a otras latitudes. El 20 de noviembre de 1935 una emisora radial en la ciudad de New York, en los Estados Unidos, trasmitió un concierto que incluyó la obra Gugú, escrita para flauta y piano por el Maestro Luis Emilio. En aquella oportunidad actuó como solista el señor Jacob Nelson.

Del catálogo de obras compuestas por Luis Mena se destacan Romanza, obra para violín y orquesta; la suite Como un sueño, para flauta y piano; Fantasía española, para clarinete y orquesta; Sinfonía giocosa y Ecos de libertad.

El artista murió el 15 de noviembre de 1964, en la ciudad de Santo Domingo.