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El Tren de Yaguaramas

LUÍS ARMANDO RIVERA

LUÍS ARMANDO RIVERA

Luis Armando Rivera González nació el 22 de junio de 1901, en San Fernando de Monte Cristi, y comenzó sus estudios de música con su padre José Luis Rivera, quien le inició en la ejecución del piano y el violín. En Santiago de los Caballeros continuó perfeccionándose como violinista con el Maestro Carlos Manuel García Vila y, siendo adolescente aún, integró la sección de los primeros violines de la orquesta del Centro Lírico Ildefonso Arté, bajo la dirección de José Oviedo García.

Luis Rivera recorrió casi todo el país acompañando las compañías de zarzuela, óperas y operetas que venían frecuentemente a realizar giras. También formó parte de diversas agrupaciones que se dedicaban a tocar en los cines, cuando los filmes eran silentes.

En 1922, tocando el violín, visitó Cabo Haitiano como parte de un conjunto que estaba integrado por Juan Francisco García en la trompeta; Julio Alberto Hernández al piano; Rafael Almanzar a la mandolina y el tenor Susano Polanco como vocalista.

En 1930 Rivera se presentó con el trío México Lindo, mientras éste cumplía un contrato de trabajo en la República Dominicana. Concluida la gira por Quisqueya, el violinista dominicano salió rumbo al país azteca junto a la agrupación, que antes de llegar a su destino recorrió, luego de presentarse en Cabo Haitiano, la isla de Cuba. Viajaron desde Santiago de Cuba hasta La Habana y se presentaron en las plazas más importantes del vecino país. Llegados a la capital de la entonces Perla de las Antillas, el joven Rivera decidió establecerse allí y posponer su viaje a México para el futuro. Entonces formó parte de los primeros violines de la Filarmónica de La Habana, que dirigía su fundador, el Maestro español Pedro San Juan. Y fue en La Habana donde Rivera tomó clases de armonía y composición con Amadeo Roldán, quien fungía por aquella época como Concertino de la Filarmónica.   

El año 1932 fue de gran importancia en la vida del ilustre dominicano. En esa fecha publicó su primer álbum de canciones, conoció a Ernesto Lecuona, se le rindió un homenaje como compositor y violinista en el Conservatorio Falcón, compuso Dulce serenidad, una de sus mejores canciones, y dirigió la orquesta que acompañó en el entonces Teatro Nacional de La Habana (hoy Gran Teatro de La Habana) a José Mojica.

Su talento como orquestador le permitió arreglar obras de Ernesto Lecuona que alcanzaron gran renombre en la historia de la música cubana, entre ellas la revista-opereta Lola Cruz  y la zarzuela El torrente.

De 1937 a 1938 estuvo en México, donde compuso varias canciones con textos del poeta mexicano Manuel Bernal; entre ellas, una de las más resonantes fue Jugando y llorando, que fuera estrenada por Juan Arvizu y que grabara Pedro Vargas. También en México estrenó la revista de su autoría Pa’ L’Habana me voy.

En 1939 se presentó en Puerto Rico como pianista de las Estrellas de Lecuona, y en marzo de ese mismo año regresó a su patria con el objetivo de recuperarse de algunos problemas de salud que le aquejaban. Lecuona y su compañía siguieron viaje hacia Venezuela, donde supuestamente unos meses después se le uniría el Maestro Rivera. Eso no pudo ser porque el Gobierno dominicano de entonces le retiró el pasaporte al ciudadano Luis Rivera, lo que provocó que la carrera del artista perdiera el brillo intenso que en poco tiempo había adquirido allende los mares. En lo adelante le fueron nombrando en funciones públicas que, aunque importantes para el desarrollo artístico del país, frenaron la proyección internacional del Maestro Rivera.

En 1942 fue nombrado director de la Banda de Música del Distrito de Santo Domingo y profesor de violín del Liceo Municipal; en 1945 director artístico de La Voz del Yuna, donde dirigió la Super Orquesta San José, adscrita a dicha empresa; y en 1947 profesor de Curso Superior de Solfeo y Armonía, en el Conservartorio Nacional de Música.

Como compositor, el Maestro Rivera dejó un extenso catálogo integrado por danzas para piano; el Poema indio, para orquesta, barítono y narrador; la Rapsodia dominicana No.1 para piano y orquesta; y varias obras para piano, entre las que se destacan Sierra del Bahoruco, Danza en merengue, Fiesta de palos, Siñá Anacleta  y Merengueando.

El 16 de septiembre de 1986 falleció en la ciudad de Santo Domingo el ilustre músico dominicano nacido 85 años atrás.

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