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El Tren de Yaguaramas

Los cien músicos del siglo XX. Rep. Dominicana

LOS 100 MÚSICOS DEL SIGLO

A MANERA DE PRÓLOGO

Ya van siendo muchos los lectores que se quejan porque el músico de su preferencia no está entre estos que aquí se reseñan, así que creo oportuno anotar en el encabezado de este blog los motivos por los cuales algunos importantes músicos dominicanos no quedaron incluidos entre los 100 músicos del siglo XX.

Ante todo, la editora me solicitó un número determinado de síntesis biográficas y ese número fue 100 –como un homenaje al siglo XX que se iba-, y como si fuera poca la presión de esa coyunda, la elección quedó completamente a mi criterio, así que como en cualquier antología literaria, tuve que decidir entre más de 100 y con mis propios parámetros asumir la responsabilidad de incorporar o descartar.

En honor a la verdad, los nombres que más trabajo me costaron desechar fueron los de Johnny Pacheco y Mario Rivera; sin embargo, no fue ni por olvido ni desconocimiento. Estos dos monumentales músicos no están entre los 100 músicos dominicanos del siglo XX porque, en mi criterio, su trayectoria artística estuvo completamente apartada del ambiente musical del país, si bien es cierto que arrasaron en los escenarios del mundo, el primero con la llamada salsa y el segundo con los más importantes jazzistas del mundo, no tuvieron en la República Dominicana la presencia que sí tuvo, por ejemplo, Michel Camilo, quien hasta el día de hoy incluye Santo Domingo y/o Santiago de los Caballeros en sus giras internacionales y durante varios años presidió el Festival de Jazz Heineken, que tuvo tremendo impacto en el público del país y que propició este ambiente jazzístico que hoy se respira en la República Dominicana.

Otros compositores e intérpretes de la llamada música culta que quizás no tuvieron resonancia en los estratos populares y que sí están incluidos, fueron reseñados porque sus obras -que siempre son apreciadas por un reducido estrato de la sociedad-, recibieron elogios del público y de la crítica especializada dentro y fuera del país, crearon y divulgaron obras relevantes para la cultura musical dominicana y su labor pedagógica dejó huellas en la música nacional; por ejemplo, en los casos de Ninon Lapeiretta, Mary Siragusa, Carlos Piantini y Pedro Echeverría Lazala, por solo mencionar a cuatro de los artistas dominicanos que durante el siglo XX no formaron parte del gusto de un extenso público, pero que por sus obras sí mantienen aun una amplia vigencia en la cultura musical dominicana.

El hecho de incluir a los que consideré en su momento los mejores músicos dominicanos del siglo XX, tanto de la llamada música culta y popular, conllevó –a pesar de que debió ser rápido para cumplir con los tiempos de la edición y publicación de la obra-, un examen detallado de cientos de páginas escritas y varias entrevistas con algunos de los más destacados especialistas en Historia de la Música Dominicana. No obstante, es seguro que este libro debe tener errores; sin embargo, no es precisamente la selección de los biografiados uno de ellos.

Así que como dice el libro impreso en su

ADVERTENCIA

En este libro se ha hecho un esfuerzo por acopiar la información más veraz posible acerca de la vida y obra de cien músicos descollantes del siglo XX dominicano. No siempre las fechas, los sucesos los títulos de las obras interpretadas o los infinitos detalles que integran estas cien vidas descollantes coinciden en las fuentes investigadas. Si usted, estimado lector, llegara a encontrar algún dato que enriquezca estas páginas y del cual posea prueba documental, no lo dude, háganoslo llegar acompañado del testimonio probatorio y en las futuras ediciones sus aportes serán tomados en cuenta.

ÍNDICE

A-

1- LUIS FELIPE ALBERTI MIESES 2- GUARIONEX AQUINO REYES 3- MIRIAM ARIZA

B-

4- ALBERTO BELTRÁN 5- MILAGROS BERAS DALMASÍ 6- AÍDA BONNELLY 7- EDUARDO BRITO 8- BIENVENIDO BUSTAMANTE LÓPEZ

C-  

9- ARMANDO CABRERA 10- MICHAEL CAMILO 11- ÁNGELA CARRASCO 12- RAMON RAFAEL CASADO SOLER 13- FRANCISCO CASANOVA 14- NICOLÁS CASIMIRO 15- FAUSTO CEPEDA 16- JOSÉ DOLORES CERÓN 17- RAFAEL COLÓN 18- MILTON CRUZ 19- TONY CURIEL

D-

20- CASANDRA DAMIRÓN 21- NAPOLEÓN DIHMES 22- LUIS DÍAZ 23- RAMÓN DÍAZ FREEMAN 24- RAMÓN DÍAZ PERALTA

E-

25- PEDRO ECHEVARRÍA LAZALA 26- HENRY ELY 27- JUAN BAUTISTA ESPÍNOLA REYES

F-

28- PIPÍ FRANCO 29- BILLO FRÓMETA

G-

30- JUAN FRANCISCO GARCÍA 31- FERNANDO GERALDES 32- MARÍA DE FÁTIMA GERALDES 33- JACINTO GIMBERNARD 34- VICENTE GRISOLÍA 35- JUAN LUIS GUERRA

H-

36- IVONNE HAZA 37- JULIO ALBERTO HERNÁNDEZ 38- MARIDALIA HERNÁNDEZ

I-

39- RAFAEL IGNACIO 40- ARÍSTIDES INCHÁUSTEGUI

J-

41- MANUEL JIMÉNEZ

K-

42- LUIS KALAF

L-

43- BULLUMBA LANDESTOY 44- NINÓN LAPEIRETTA 45- FRANK LENDOR 46- JUAN LOCKWARD 47- LOPE BALAGUER 48- JOSÉ LORA 49- ÑICO LORA 50- MARGARITA LUNA GARCÍA

M-

51-ENRIQUE DE MARCHENA 52- JOSEÍTO MATEO 53- ENRIQUE MEJÍA ARREDONDO 54- ELILA MENA 55- LUIS E. MENA 56- ANTONIO MESA 57- MANUEL MINIÑO 58- JOSÉ ANTONIO MOLINA 59- PAPA MOLINA 60- FLORALBA DEL MONTE 61- JOSÉ E. DEL MONTE 62- ANTONIO MOREL

O-

63- GABRIEL DEL ORBE 64- RAMÓN ORLANDO

P-

65- GERÓNIMO PELLERANO 66- ROMÁN PEÑA 67- ESTEBAN PEÑA MORELL 68- RAMÓN EMILIO PERALTA 69- GLADYS PÉREZ 70- CATANA PÉREZ DE CUELLO 71- TERESA PÉREZ FRANGIE 72- CARLOS PIANTINI 73- SUSANO POLANCO

Q-

74- MILLY QUESADA

R-

75- JOSÉ DE JESÚS RAVELO CASTRO 76- ANTHONY RÍOS 77- LUÍS ARMANDO RIVERA 78- MANUEL RUEDA

S-

79- MERCEDES SAGREDO 80- MARIANELA SÁNCHEZ 81- RAFAEL SANCHEZ CESTERO 82- FRANCIS SANTANA 83- ELENITA SANTOS 84- SONIA SILVESTRE 85- MANUEL SIMÓ 86- MARY SIRAGUSA 87- RAFAEL SOLANO 88- FRANCISCO SOÑÉ * 89- VIOLETA STEPHEN 90- SALVADOR STURLA

T-

91- JORGE TAVERAS 92- MANUEL TEJADA 93- BIENVENIDO TRONCOSO

V-

94- SERGIO VARGAS 95- WILFRIDO VARGAS 96- JOHNNY VENTURA 97- VICTOR VICTOR 98- FERNANDO VILLALONA 99- RAFAEL VILLANUEVA

W-

100- JULIO DE WINDT

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LUIS FELIPE ALBERTI MIESES

LUIS FELIPE ALBERTI MIESES

Luna sobre el Jaragua, Compadre Pedro Juan, y Estampas criollas son piezas de un catálogo extenso y profundamente dominicano, tres joyas famosísimas creadas por Luis Felipe Alberti Mieses, un vegano que nació el 19 de abril de 1906, en el seno de una familia donde el oficio de músico no era extraño. El coronel Juan Bautista Alfonseca, bisabuelo de Luis Felipe, había compuesto el primer himno nacional dominicano, y se le considera además el pionero en llevar el merengue al pentagrama. Doña María de la O Mieses, la madre de Luis Felipe, era entonces profesora de piano.

En un ambiente propicio y con facultades naturales suficientes, Alberti ya tocaba con sólo siete años los platillos en la Banda Municipal de Música de la Vega, y cuando la familia se mudó, para vivir en el poblado de Mao, el profesor Rafael E. Arté le dio clases de violín y solfeo y lo incorporó a su propia orquesta.

El joven músico se fue a Santiago de los Caballeros y allí continuó sus estudios de violín con el profesor J. L. Sánchez. En la ciudad corazón integró frecuentemente conjuntos que, en los teatros Colón e Ideal, se empleaban para llenar el silencio del cine de entonces con la música de sus instrumentos.

Su madurez profesional lo llevó a crear orquestas propias, y es así que surgen la Jazz Band Alberti, La Lira del Yaque y la Santa Cecilia. Ese mismo ascenso en sus capacidades propició que, cuando en 1932 se fundó la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo, se le invitara a ocupar en ella un puesto como violinista.

En 1936 el maestro Luis Alberti era director artístico de la emisora radial santiaguera H.I.9B y en ella su orquesta amenizaba un programa que mantenía la atención de un gran número de oyentes; fue ahí donde por primera vez se lanzó al eter uno de los más perdurables merengues dominicanos: Compadre Pedro Juan.

Durante una década, de 1944 a 1954, Alberti y su orquesta permanecieron contratados en el viejo Hotel Jaragua, fue entonces que surgió esa bella canción, que todavía recorre el mundo como nueva y que se titula: Luna sobre el Jaragua.

Luis Felipe Alberti Mieses fue además maestro de canto coral en las escuelas de Santiago de los Caballeros, organista de la Catedral de Santiago Apóstol y primer violín de la orquesta de la Compañia Anónima Tabacalera. Fue también quien le dio al merengue un aire citadino, al utilizar un medio sonoro más complejo para interpretarlo. Trasvasó el merengue del conjunto campesino, conocido como “perico ripiao”, a una orquesta con trompetas, piano y saxofón. Lo enriqueció armónica y melódicamente, cambió las voces y los textos, para darle al conjunto una mayor apariencia urbana, y lo llevó a los salones que frecuentaban las clases más ricas de la sociedad.

Alberti incursionó con éxito en el género sinfónico y creó obras que como la suite Estampas criollas, para coro y orquesta, Albertiana, Olas, Olas de mar y Scherzando, que fueron muy bien acogidas por el público.

En su intéres por divulgar sus conocimientos musicales, escribió un Método de tambora y güira, una colección de cantos infantiles, y un trabajo sobre Música, músicos y orquestas bailables dominicanas que se destacaron durante la primera mitad del siglo XX.

El 26 de enero de 1976, en la ciudad de Santiago de los Caballeros, a la edad de 75 años, falleció Luis Felipe Alberti Mieses.

 

Tú no podrás olvidar

 

Tú no podrás olvidar

nuestros besos de ayer

en tus labios quedan huellas que jamás

nunca el tiempo aunque quiera borrará

 

Tú debes de recordar

que nos quisimos los dos

y aunque lo quieras negar

tú no podrás olvidar

GUARIONEX AQUINO REYES

GUARIONEX AQUINO REYES

 El 28 de febrero de 1924 nació en Mao Guarionex Aquino, quien se convertiría en uno de los buenos barítonos dominianos de este siglo. A muy temprana edad comenzó a tomar clases de música con el profesor español Rafael Emilio Arté y muy pronto estos conocimientos le sirvieron de mucho pues que pasó a vivir en Santiago de los Caballeros y el famoso Café Yaque, así como las emisoras H.I.9B y H.I.1. le contrataron como cantante y comenzaron a  trasmitir su bien timbrada voz a través de las ondas del eter.

En 1946 La Voz del Yuna le extendió un contrato de exclusividad y, al año siguiente, cuando el cuadro de comedias de esta emisora decidió lanzar al aire un programa de Homero Díaz en el que se recreó la vida de Eduardo Brito, fue al señor Aquino a quien se le encomendó el papel protagónico; Brito, fallecido un año antes, fue encarnado en aquella ocasión por el barítono de Mao.

Aquino, en su ascendente carrera, alcanzó extraordinario brillo en la década del cincuenta. En 1951 participó en las Noches de Opera que se celebraron entonces en el teatro Olimpia, donde Roberto Caggiano dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional. Cuatro años después fue invitado Guarionex a interpretar la parte de barítono del Réquiem de Fauré con la Schola Cantorum del Convento de los Dominicos, que contaba en esa fecha con la dirección del Dr. Rafael Bello Peguero.

Por esa época fueron frecuentes sus giras internacionales y su arte llegó a las playas de Curazao, Canadá, Haití, Venezuela y Estados Unidos; en este último país participó con el grupo de Casandra Damirón, en presentaciones que comprendieron las ciudades de Baltimore, Chicago y Washington.

En 1961 fue profesor de canto de la Academia de La Voz Dominicana, en 1964 produjo para esta misma emisora el programa Estampas de mi Tierra y grabó un buen número de canciones dedicadas a diferentes provincias del país. Se dieron a conocer en ese espacio; entre otras: Baní, de Ramón Gallardo; Azua, de Guaroa Perez; y Seibanita, de Julio Gautreau.

También en la década de los setenta creó el maestro Aquino la emisora Radio Santa María, con la cual contribuyó a elevar el nivel cultural de la comunidad donde estuvo enclavada, Mao. Buena parte de su programación estuvo dedicada a divulgar las mejores obras de los artistas nacionales y extranjeros.

En 1999, luego de algunos años dedicados a labores diversas, volvió a impartir clases en Radio Televisión Domincana. Regresó con toda la veteranía de un artista de larga vida y con la alegría y el entusiasmo del joven que había llegado a La Voz Dominicana allá por los años cincuenta.

El gran artista dominicano murió en Santo Domingo, el 24 de diciembre de 2010.

MIRIAM ARIZA

MIRIAM ARIZA

Nacida en San Francisco de Macorís el 8 de enero de 1940, Miriam Ariza Morel inició formalmente sus estudios de música en el Conservatorio Nacional de Santo Domingo donde fue alumna aventajada de Mary Siragusa y Manuel Rueda. En 1957 obtuvo en ese prestigioso centro de enseñanza el título de profesora de piano y siete años después, en el Real Conservatorio de Madrid, en España, hizo el curso de Virtuosismo de Piano con el profesor José Cubiles, en el que obtuvo calificaciones de sobresaliente. En el Conservatorio de Música de San Juan de Puerto Rico también realizó estudios superiores de piano con el profesor Jesús María Sanromá y obtuvo óptimos resultados académicos.

Fue además alumna de los profesores Pedro Lerma y Manuel Carra, en Madrid, España, en cursos de prefeccionamiento de repertorio. En 1968, Ariza resultó finalista en el Concurso Internacional de Intérpretes de Música Española para pianistas, realizado en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias.

Como solista, se ha presentado en Barcelona, Córdoba, Sevilla, Cádiz, San Juan, Ponce, París, New York y muchas otras ciudades. Junto a su esposo, el violinista Jacinto Gimbernard, y al cantante Arístides Incháustegui se presentó en la Maison de L’Amerique Latine, en Radio Televisión Francesa (TF-1), en Radio

France y en el Carnigie Hall, de Nueva York.

Sus actuaciones como solista junto a la Orquersta Sinfónica Nacional de la República Dominicana han sido muy aplaudidas y ha estado dirigida por los Maestros Manuel Simó, Jacinto Gimbernard, Carlos Piantini, Rafael Villanueva y Julio de Windt para interpretar obras de Bach, Mozart, Chopin, Schumann, Beethoven y Tchaikovsky.

Cuando la O. S. N. celebró el 40 aniversario de su fundación, la pianista Miriam Ariza interpretó los conciertos cuarto y quinto de Beethoven, y en 1986, para celebrar sus treinta años en el arte, interpretó en el auditorio de Bellas Artes, junto al cantante Arístides Incháustegui, el ciclo de canciones de Shubert Viaje de invierno.

En 1986 obtuvo el premio El Dorado, otorgado a la mejor instrumentista clásica, y en 1987 fue merecedora de un premio Casandra por el mismo concepto.

La Maestra fallecio en Santo Domingo, el 2 de febrero de 2014.

ALBERTO BELTRÁN

ALBERTO BELTRÁN

Nacido en la Romana, el 5 de junio de 1924, hizo sus primeros pininos como casi todos los de su estirpe: barloventeando y dejando oír su voz en cualquier lugar donde se lo permitieran. Pero su gran día llegó en diciembre de 1947, cuando resultó ganador de una especie de concurso que se realizaba entonces en la emisora radial La Voz del Yuna. Su interpretación le valió los más encendidos elogios y un importantísimo contrato de exclusividad con la difusora. El 15 de enero de 1947 su voz se comenzó a escuchar cada vez más lejos, al debutar en la más importante estación de radio de la época. A aquel éxito le seguirían otros, que llevaron a Alberto Beltrán hasta la cima de la popularidad.

En 1954 Beltrán viajó por primera vez a Cuba, donde su amigo y compatriota Tirso Guerrero, metido en la farándula habanera desde hacía algún tiempo, lo presentó en el medio y rápidamente el cantor de Quisqueya se encontró al frente de la famosísima Sonora Matancera. La radio y la televisión cubana lo lanzaron a la popularidad en la mayor de las Antillas  y su voz quedó registrada en varios discos. Títulos como El negrito del batey, de Héctor J. Díaz y Medardo Guzmán (pieza que fue dedicada a Joseíto Mateo, pero que A.B. grabó y la popularizó, primero con la Sonora Matancera y luego con el Conjunto Casino), Ignoro tu existencia, de Rafael Pablo Mota, Todo me gusta de ti, de Cuto Estévez, y muchos otros, le abrieron las puertas de una carrera rutilante. Su fama se extendió por todo el orbe y en ese camino involucró la obra de importantes compositores dominicanos; tal es el caso del trabajo discográfico que hiciera Alberto Beltrán con la orquesta de Billo Frómeta en los estudios de Radio Progreso, en 1958. A partir de entonces, la vida del genial cantor estuvo impregnada por la fama. La calidad de su voz se mantuvo a través de los años, para deleite de varias generaciones.

El 3 de febrero de 1997, murió el cantante en la ciudad de Santo Domingo.

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MILAGROS BERAS DALMASÍ

MILAGROS BERAS DALMASÍ

Nacida el 10 de agosto de 1945, comenzó sus estudios musicales con la profesora Florencia Pierret y, más tarde, en la Escuela Elemental de Música, tomó clases de piano con la profesora Teresa Beras de Sánchez. En el Conservatorio Nacional de Música fue alumna de la profesora Floralba del Monte, con quien se graduó de profesora de piano y cursos superiores de música. Poco después, en París, recibió clases de Jean Marié durante tres años. Otros tres años empleó perfeccionando sus conocimientos pianísticos y de música de cámara con los maestros Guido Mozzato y Carlo Bruno en el Conservatorio de Santa Cecilia, en Roma.

 

Su interés por la pedagogía musical se mantuvo siempre estrechamente vinculada a su actividad como artista concertante.  Mientras por una parte fundó y desarrolló ampliamente la Academia Dominicana de Música, por la otra se mantuvo siempre activa como intérprete. Actuó como solista junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, con la que interpretó a Bach, Mozart, Beethoven, Schumann, Mendelssohn y Shostakovich.


También fuera de la República Dominicana se hicieron sentir sus éxitos. En Puerto Rico fue muy aclamado su recital de música de autores dominicanos y en El Salvador, invitada por el entonces presidente de la República, Alfredo Cristiani, se presentó en el Concierto por la Paz, en un trío que conformó con el cellista Francois Bauhaud y el flautista Luis Ruíz.


El 13 de enero de 1996 se presentó por última vez en público y fue en un programa donde interpretó el Concierto No. 9 para piano y orquesta de W. A. Mozart, acompañada por la agrupación Ars Nova, que dirigía el maestro F. Bauhaud.


En su afán por trasmitir sus conocimientos musicales a las nuevas generaciones, produjo un excelente material didáctico que, con el título de Disfrutemos la música, fue publicado postumamente en 1998 y que consiste en un video cinta que contiene amenas explicaciones de más de veinte tópicos sobre educación musical. Grabados en vivo por artistas y profesores de música en una sección del programa semanal El Gordo de la Semana, las ilustraciones, siempre guiadas por Milagros Beras, resultan de una fácil asimilación.


Expiró la artista en la ciudad de Santo Domingo, el día 23 de julio del año 1996.

AÍDA BONNELLY

AÍDA BONNELLY

Aída Bonnelly de Díaz nació el 2 de mayo de 1926, en la ciudad de Santigo de los Caballeros. Hasta 1945 tomó clases de piano con la genial profesora y pianista germano-cubana Manuela Jiménez, radicada por entonces en Santo Domingo. En 1949 fue diplomada en Julliard School of Music, de New York, mención piano, y en 1955 realizó cursos de perfeccionamiento en París con el profesor Harry Cox. Entre 1962 y 1967 realizó cursos de postgrado en la Universidad Católica y cursos de piano con Emerson Meyers, en Washington , D. C.

Al regresar a su país, realizó recitales y se dedicó a dar clases a un gran número de alumnas de manera privada y también en el Conservatorio Nacional de Música de Santo Domingo, donde fue irectora del Departamento de Piano, entre 1955 y 1961.

Desde 1971 escribe críticas y artículos de temas culturales para el Listín Diario y otros periódicos. De 1973 a

1978 fue codirectora artística del Teatro Nacional. En 1979 fue directora de la Sección de Música  de la Bibliotéca Nacional. De 1980 a 1983 fue directora artística del Teatro Nacional, época en la que creó la Sala de la Cultura y dedicó la Sala Ravelo a presentaciones de teatro. Entre 1987 y 1990 volvió a ser directora artística del Teatro Nacional, esta vez hasta su retiro.

Aída Bonnelly ha recibido diversos honores y condecoraciones, entre ellos la Orden de Andrés Bello en el Grado de Caballero (1983) por su labor en favor de la cultura y su colaboración con Venezuela, y en el año 1997 recibió el premio Artes y Letras.

Ha publicado varios libros, entre ellos el título En torno a la música, de 1978, que fuera Premio Nacional en el renglón Didáctica.

La Maestra falleció el 27 de octubre de 2013

EDUARDO BRITO

EDUARDO BRITO

En un lugar remoto, al nordeste de la isla de Santo Domingo, cuando el siglo XX cumplió su primer lustro, nació Eleuterio Brito en cuna humildísima. Uno de cuatro hijos que a tropezones crecieron bajo el peso de las limitaciones económicas, alejados de los medios de trasmisión de la cultura artística y literaria.

No es hasta después de cumplidos los 10 años de edad que Eleuterio, como consecuencia de la separacion de sus padres, va a vivir a Puerto Plata. Allí, unos años después, cuando ya ha descubierto el don de su voz prodigiosa, escapa del lado de su madre y comienza a darse a conocer en Santiago de los Caballeros como “el limpiabotas que canta”. Finalmente su voz le lleva al encuentro de músicos con reconocido prestigio en la región y canta en el Café Yaque, donde obtiene gran éxito.

Cuando apenas había cumplido 17 años de edad, la capital de la República lo acogió y, después de debutar en el Coney Island, fue contratado para presentarse en el Hotel Fausto, la plaza más codiciada entonces por los artistas del género; en el Trocadero y en el Café Arriete. Su andar por el país ya no se detuvo y, entre serenatas, fiestas y los más diversos empleos, transcurrió su vida hasta que en 1924, con la canción Amar, eso es todo, ganó el primer premio de un concurso que, en Santiago de los Caballeros, patrocinó el jabón Candado. Ese producto, que por la fecha se importaba desde Cuba, realizaba frecuentemente tales eventos, de manera promocional.  Salvador Sturla, prestigiosa y autorizada figura, reconoció públicamente el talento de quien muy pronto dejaría de se Eleuterio para inmortalizarse con el nombre de Eduardo Brito.

Para la educación musical del cantante, resultó de gran importancia la amistad que surgió entre éste y el maestro Julio Albreto Hernández quien tutelaba el Cuadro Artístico, un grupo en el que se nuclearon importantes voces que con frecuencia se presentaban en Santiago, San Pedro de Macorís y Santo Domingo.

La gran crisis norteamericana de 1929 no fue causa suficiente para impedir que Eduardo Brito, Rosa Elena Bobadilla (con quien había contraído matrimonio un mes antes) y otros artistas, partieran en diciembre de ese año rumbo a New York, donde se grabaría un gran número de piezas de autores dominicanos.

Brito y su esposa, cumplidos los compromisos que les habían llevado a los Estados Unidos, decidieron no regresar y cumplir con los nuevos contratos que les proponían. El gran salto, el verdadero zenit de la carrera del barítono, llegó en los años posteriores. En 1932 las cualidades del cantante impresionaron gratamente al compositor cubano Eliseo Grenet, quien al frente de su compañía de zarzuelas, estaba de paso por New York con rumbo a Europa; Grenet solicitó entonces a Brito sus servicios y fue así que el público español le conoció, le aplaudió hasta el delirio y lo adoró. Fueron estos los años de máximo esplendor en la carrera del gran barítono, querido por el público que mejor sabía apreciar el dominio vocal de Eduardo.

Durante esos cuatro años fue tanta la bonanza para el divo, que estuvo en condiciones de crear su propia compañía. Y aquel avance sólo pudo ser detenido por la apocalíptia conflagración mundial que tuvo como preludio a la Guerra Civil  Española. Después de un cuatrienio de divina claridad, la luz comenzaba a declinar para Eduardo Brito y los años posteriores fueron difíciles.

De España debió salir y, antes de regresar a su patria, en 1937, recorrió algunos países de Europa y actuó en París, Praga, Roma, y otras muchas ciudades. Pero el frenesí que causó su voz allende los mares parece que no se escuchó en la tierra que le vio nacer y, cuando se le debió recibir como al astro que en ese momento era, Brito se encontró con la parquedad hermética de sus paisanos.

Hasta 1944 estuvo girando con frecuencia a Puerto Rico, Cuba, Colombia, Venezuela y Panamá. Su voz se fue perdiendo y su mente descontrolando. Para esa fecha no había cumplido aún los cuarenta años de edad. La vida había transcurrido muy velozmente para él; sus dones naturalez le habían hecho trasponer estratos sociales y elevarse muy por encima de la educación que recibió; su capacidad autodidacta lo hizo saltar por sobre su modesta formación académica y su brillante imaginación le proveyó de gran fortuna en las tablas. En la madrugada del 5 de enero de 1946 el singular barítono dejo de existir. Había nacido el 21 de enero de 1905.

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