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El Tren de Yaguaramas

RAFAEL IGNACIO

RAFAEL IGNACIO

El 15 de junio de 1897 nació Rafael Ignacio en San Francisco de Macorís y, cuando apenas contaba con 10 años, ya formaba parte de una banda infantil que el ayuntamiento de su pueblo natal había fundado por aquellas primeras décadas del siglo. Fueron sus profesores de entonces el padre Requena, quien funjía como director de la pequeña agrupación y le enseñó las primeras lecciones de solfeo y cornetín, y Luis Betances, quien lo inició en el conocimiento del contrabajo. Con esos conocimientos se sumó a los miembros de la Orquesta Filarmónica Beethoven, también en su pueblo natal.

Emigrado a la capital, integró la Banda Municipal que entonces dirigía el Maestro José de Jesús Ravelo; fue en esta institución donde se desempeñó como tubista, instrumento que había aprendido de modo autodidacta. Años después integró la Banda del Ejército Nacional, primero como subdirector y luego como titular de esa importante institución.

Al fundarse en 1932 la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo ocupó un atril en ella y, cuando en 1941 quedó integrada la Orquesta Sinfónica Nacional, también el insigne Maestro Ignacio fue convocado a formar parte de aquel grupo de pioneros.

Su labor como músico y pedagogo se extendió a otras ciudades del país, así es que en Azua dirigió una academia de música, la banda municipal y creó su orquesta de bailes; en Santiago de los Caballeros fue director de la banda militar, con la que llegó a interpretar un repertorio de altos requerimientos técnicos, con obras tales como la Sinfonía militar, de Haydn, y Los preludios, de Lizt, entre otras.

Su labor en los géneros más apegados al arte musical popular fue de gran importancia , puesto que con sus conocimientos pudo componer y arreglar piezas bailables y folklóricas con instrumentaciones más complejas, con armonías más avanzadas, lo que dio nueva vida a títulos como Todas las mujeres tienen mala maña y creó merengues como Vironay, con nuevos aires y medios sonoros distintos.

La Suite folklórica fue su obra de mayor envergadura. Escrita primero para banda y reorquestada luego para orquesta sinfónica, está basada en temas surgidos de las raíces mismas del cantar dominicano.

Escribió también Fantasía sinfónica, obra en la que se vuelve a elaborar los temas populares de la música dominicana. Compuso mucha música bailable, entre la que se cuentan valses, polkas y merengues.

Rafael Ignacio murió en 1984, en la ciudad de Santo Domingo.

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